Lady Joseph
La historia de la marca empieza con la abuela; Josephine, una mujer elegante y pertinaz. Se enamoró del abuelo de los propietarios un verano en Burdeos, mientras él aprendía a elaborar vino francés para llevar su producción a La Rioja.
El encanto francés de su abuela, le hizo caer rendido a sus pies, y en dos meses decidieron casarse y mudarse a Logroño.
Allí en su nueva casa empezó a pensar en producir productos de primera que pudieran transportarla hasta su Francia natal: para algunas cosas, como la tozudez, siempre pareció más castiza que francesa.
Josephine empezó seleccionando las mejores harinas de productores locales y replicando las recetas de su infancia, perfeccionó la receta hasta conseguir unas galletas elegantes, finas y crujientes, llenas de sabor. Un producto saludable y único con el que deleitaba a los viajeros que hacían parada en Haro.
Josephine decidió abrir un salón de té. Allí, ella vendería lo que elaboraba en el obrador, mientras creaba un centro de reunión para vecinos, amigos y viajeros que pernoctaban en Haro para coger el mismo tren que llevaba sus productos a Francia.
Pronto su salón se convirtió en un lugar de reunión indispensable, no solo por las exquisiteces que servía, sino por ser un punto de encuentro amigable y vanguardista donde uno podía enterarse de todo lo que pasaba en el resto de Europa.
Y es aquí donde entran sus nietos de Josephine, que han querido continuar con la tradición y lograr su gran sueño: poder compartir con gente de todo el mundo sus maravillosas creaciones. Conservan su receta original y su buen hacer, así como ese mundo de sueños y memorias que han querido plasmar en su colección de galletas y crackers.
Y aunque la vida ha evolucionado mucho y nuestro es más digital que nunca, , cuidemos por lo menos los productos de calidad e historia que mantienen vivo nuestro origen.